Cuanto más segura estaba de algo, más tarde me daba cuenta del error.
Porque no hay mayor equivocación que aferrarse a creencia estáticas, no dando oportunidades a que nuevas reflexiones entren en tu vida.
Las personas, las personas de verdad, se transforman, cambian, se equivocan, se caen, se levantan, vuelven a caminar, aprenden nuevas formas de desplazarse y de parar.
No quiero que una sola cosa sea el centro de mi vida. No quiero que los extremos me lleven a perderme y preocuparme por cosas que no son importantes.
Es importante regalar una sonrisa, un chiste en el momento justo.
No es importante intentar arreglar los problemas de otros, porque de alguna manera estamos infiriendo en su aprendizaje, en la posibilidad que tienen de crecer, y preocuparnos tampoco sirve de mucho.
Se es feliz con pequeños detalles, que al final suelen ser las cosas más importantes de la vida.
Yo soy feliz cuando duermo una siesta, cuando leo un libro y lloro mientras voy descubriendo la historia, escribendo relatos y cuentos, y emocionándome cuando los vuelvo a leer una vez terminados, cuando dibujo, en compañía de mi sobri, cuando veo a mis amigos y decimos tonterias.
Soy inmensamente feliz cuando escucho el ruido de las llaves en casa que anuncian la llegada de mi amor. Cuando me encuentro con mi poderoso grupo de mujeres que tanto me enseñan, y también soy feliz mirando dormitar a mis perrillos...