Hoy al estilo Pantoja, quiero confesar que estoy enamorada.
No de la vida, ni de mi profesión, ni de las patatas que nacen en el macetero de mi balcón.
Estoy enamorada de mi espartano, de ese heavy metalero, que tanto sentido común trajo a mi vida, de una persona capaz de arrancar una sonrisa con su humor ácido a cualquier tío vinagres.
Un tío serio que te mira y te derrite, que te besa y te deja en éxtasis teresiano, que te abraza y con el que sientes que ya no necesitas ningún otro airbag para sentirte segura.
Aún recuerdo cuando le conocí, (dedicaré una entrada completa a ello en otra ocasión). Yo aún estaba saliendo con Don Controlotodo, apellidado Celoshastadelaropaqueteroza. Un alma triste y destructiva, que se estaba cargando todas las bombillas de mis ideas. Cada cosa que hacía estaba mal, tenía que saber dónde estaba en cada momento del día, si me lo pasaba bien sin él era un problema, si hablaba con un amigo era un problema, si no le decía lo mucho que le quería era una tragedia, si me arreglaba si estar él era una pelea...era agotador.
Hoy estoy con mi Sagitario, un alma noble, responsable y firme. Una persona integra y consecuente, capaz de dejar su número de teléfono si le da sin querer un toque a una moto, sin que este el conductor o haya alguien para verlo. Que hace lo correcto y que habla claro, sin miedos y sabiendo lo que dice.Y yo tengo la suerte de estar con él.
Alguna vez pienso que esto puede acabarse o no, pero lo que he vivido nadie me lo quita.
Al menos una vez en toda mi vida he sentido que me quieren como he deseado siempre que me quisieran.
Que nos queramos significa que todo es imperfecto, y que nos encanta tener distintos intereses, y exponer lo pensamos aunque no coincida, y pelearnos por el mejor sitio del sofá, y decir: - ¡Tráeme un vasito de agua o una cervecita!-, cuando estamos sentados y tranquilos, y da mucha pereza levantarse.
Cada cual que encuentre su fórmula de amor, la mía es imperfecta pero ideal para amarse desde la complicidad.








